Trauma y dolor crónico: de la investigación a la intervención desde un enfoque biopsicosocial

El webinar Trauma y dolor crónico: de la investigación a la intervención desde un enfoque biopsicosocial, celebrado en el marco de la VIII Jornada del Grupo de Trabajo de Psicología y Dolor de la Sociedad Española del Dolor, abordó la compleja relación entre trauma y dolor crónico desde una mirada integradora, combinando investigación básica, evidencia clínica y aplicaciones terapéuticas.

Desde ANSEDH intentamos mantenernos al día en todo lo relacionado con el dolor crónico, que afecta a la gran mayoría de personas con síndrome de Ehlers-Danlos (SED) y trastornos del espectro hiperlaxo, y por este motivo asistimos como oyentes a este webinar.

A lo largo de la jornada, profesionales de referencia internacional ofrecieron una visión amplia y complementaria sobre cómo las experiencias adversas, el contexto y los procesos psicológicos y neurobiológicos influyen en el desarrollo, mantenimiento y tratamiento del dolor crónico.

¿Qué entendemos por trauma?

Uno de los puntos clave compartidos, de una u otra forma, por todas las ponentes fue la definición de trauma. De manera resumida, un trauma es una situación que supera la capacidad de la persona para afrontarla en ese momento. Su impacto depende de diversos factores, como la intensidad del evento, la etapa vital en la que ocurre y su repetición en el tiempo. Además, una misma situación no afecta del mismo modo a todas las personas.

En el caso de las personas con SED, pueden existir experiencias traumáticas de tipo médico desde la infancia, como lesiones repetidas, dolor persistente no validado, visitas médicas continuas o mensajes minimizadores del tipo “no es para tanto”. Estas vivencias también pueden constituir trauma y dejar una huella duradera en el organismo.

Es importante subrayar que hablar de trauma no significa que el dolor sea imaginario ni exclusivamente psicológico. En el SED existe una causa biológica clara, que provoca lesiones y dolor reales. El trauma puede aparecer como consecuencia de esa experiencia corporal repetida y contribuir a que el dolor se intensifique, se mantenga o se haga más difícil de regular, pero no sustituye ni invalida la base física de la enfermedad.

Trauma y dolor: perspectivas de evaluación e intervención desde el modelo biopsicosocial

La Dra. Richelle Mychasiuk (Monash Trauma group – Department of Neuroscience) centró su intervención en el papel de la neuroplasticidad como mecanismo clave tanto en la transmisión intergeneracional del trauma como en la posibilidad de interrumpirla. Desde la neurociencia, explicó cómo las experiencias adversas pueden dejar huellas duraderas en el sistema nervioso, pero también cómo los entornos protectores y determinadas intervenciones pueden fomentar la resiliencia, abriendo vías de prevención y reparación que van más allá del individuo.

La segunda ponente, Noemí Álvarez, abordó el trabajo clínico con personas que viven con dolor crónico desde un enfoque centrado en el trauma. Destacó la importancia de comprender el dolor no solo como una experiencia física, sino como un fenómeno atravesado por la historia vital, las experiencias adversas y la regulación emocional.

Diapositiva con el siguiente texto: El cuerpo tiene mente; la mente tiene cuerpo; el cerebro es un órgano; somos un organismo, no solo un cerebro; el entorno influye en nuestro organismo 

Desde su experiencia clínica, subrayó la necesidad de un abordaje multidisciplinar, señalando que cuerpo y mente funcionan de forma integrada y que el entorno influye de manera directa en el organismo. Insistió también en que el cerebro tiene capacidad para recordar sensaciones dolorosas, lo que puede activar señales de alerta corporales incluso en ausencia de una nueva lesión, contribuyendo a la persistencia del dolor.

Diapositiva sobre la teoría de la neuromatriz del dolor de Ronald Melzack (1989). Se explica que el dolor no es solo una señal de daño, sino una experiencia multidimensional generada por patrones de impulsos nerviosos de una red neuronal distribuida en el cerebro. Esta red se activa por estímulos físicos, cognitivos y emocionales, creando una “firma neuronal” única para cada persona y cada situación. También se indica que la neuromatriz no procesa directamente el dolor, sino la información que el sistema nervioso activa en cada escenario y conducta, idea atribuida a Arturo Goicoechea.

La Dra. Elena Serrano ofreció una revisión científica de la relación entre trauma y dolor, analizando los mecanismos psicológicos y neurobiológicos que los conectan. Su exposición permitió comprender cómo el trauma puede influir en la percepción del dolor, en los procesos de sensibilización y en su cronificación, apoyándose en datos empíricos y modelos teóricos actuales dentro del enfoque biopsicosocial.

Esquema que muestra la relación bidireccional entre síntomas postraumáticos y dolor crónico. Se indica que existe comorbilidad entre dolor crónico y trastorno de estrés postraumático (TEPT): la prevalencia de TEPT en personas con dolor crónico es entre dos y cuatro veces superior a la de la población general, y aproximadamente tres cuartas partes de las personas con TEPT presentan dolor. La sintomatología varía según el tipo de dolor, siendo más frecuente en condiciones de dolor primario o nociplástico, como fibromialgia (39,1 %), dolor pélvico crónico (31,3 %) y cistitis intersticial (42 %), frente a dolor secundario, como dolor de espalda, con prevalencias entre el 1 y el 9 %. Se señala que el trauma interpersonal se asocia a mayores tasas de comorbilidad. La coexistencia de trauma y dolor crónico se relaciona con mayor nivel de dolor percibido, mayor interferencia del dolor en la vida diaria, peor funcionamiento, problemas de sueño, mayor uso o abuso de fármacos y sustancias, y mayor demanda de atención médica.

Señaló que un porcentaje muy elevado de personas con dolor crónico ha vivido experiencias traumáticas, en su mayoría de tipo interpersonal. Como ejemplo, mencionó el caso de la fibromialgia, donde el cerebro puede interpretar el dolor persistente como una amenaza continua, manteniendo activadas señales de alarma que retroalimentan el propio dolor. Este modelo ayuda a entender por qué el dolor puede intensificarse con el tiempo, incluso cuando la causa inicial es conocida.

Para cerrar la primera parte de la jornada, el Dr. Josep Roman aportó una mirada contextual, destacando cómo los factores sociales, ambientales y relacionales modulan la relación entre trauma y dolor. Remarcó que el dolor crónico no puede entenderse de forma aislada, sino que se construye y se mantiene en interacción con el entorno, las condiciones de vida y las experiencias de apoyo o adversidad. Su trabajo se centra especialmente en el trauma en población migrante en etapa infantojuvenil.

Trauma, adversidad y dolor crónico en la infancia y la adolescencia

La conferencia final, a cargo de la Dra. Sarah Nelson, se centró en el impacto de la adversidad sobre el funcionamiento neuropsicológico y psicológico en niños y adolescentes con dolor crónico. Presentó el estado actual del conocimiento en este campo y apuntó futuras líneas de investigación e intervención, destacando la importancia de identificar de forma precoz los efectos de la adversidad para reducir la carga del dolor y sus consecuencias a largo plazo.

Este webinar puso de relieve la necesidad de abordar el dolor crónico desde una perspectiva biopsicosocial y multidisciplinar, reconociendo el papel del trauma, la adversidad y el contexto, sin perder de vista la realidad biológica de las enfermedades que lo provocan. Avanzar hacia modelos de intervención más integrales y sensibles a la historia de cada persona es clave para mejorar la atención y la calidad de vida de quienes conviven con dolor crónico.   

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